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Robots: la otra revolución que no vimos venir

Escrito por Elsa Basile

En Blade Runner, la película de Ridley Scot, transcurre en un mundo distópico, donde los robots, llamados replicantes hacían el trabajo sucio: fábricas, colonias.

Mientras el mundo debatía sobre ChatGPT, China construía en silencio los cuerpos físicos de esa inteligencia. Hoy hay robots instalando tableros en coches Huawei sin que ningún humano los toque. Humanoides que entregan medicamentos 24 horas al día. Máquinas aprendiendo a atornillar, a través de millones de secuencias grabadas por jóvenes con cascos de realidad virtual.

Hay 140 empresas chinas compiten por construir humanoides. Un fondo estatal de 100.000 millones de libras los financia. En el festival de año nuevo lunar de 2025, los robots hacían coreografías. En el de 2026, hacían volteretas y parkour.

Lo más perturbador no son los robots: son los humanos. En centros de entrenamiento en Pekín, cientos de jóvenes de veinte años trabajan en turnos de ocho horas guiando robots a cortar papas, verter agua, doblar ropa. Cada intento se registra. Si el robot falla, se limpia, se repite.

Para entrenar a las máquinas a ser más humanas, los humanos deben comportarse como máquinas: moverse a la velocidad que el sistema puede registrar, mantener los brazos en posición fija. Cualquier movimiento espontáneo contamina los datos.

Philip K. Dick, que escribió el libro en que se basa Blade Runner, tenía una obsesión: ¿qué hace real a algo? Estamos a punto de tener que responder esa pregunta en serio.

En la nueva fábrica de Huawei en Hefei, un ingeniero mira a los trabajadores doblados bajo los coches, enroscando tornillos con el cuello torcido durante horas, y dice: «A largo plazo, esto causa daño espinal. Mejor que lo hagan robots.» Y tiene razón. Eso es lo que hace todo tan difícil de juzgar.

China tiene 120 millones de trabajadores en fábricas. Cuando se pregunta qué pasará con los de menor cualificación, la respuesta es vaga: «Tendrán que cambiar de carrera», dice uno de los ingenieros. Sin más detalle.

¿Cómo prepararnos para todo esto? La tecnología se mueve en meses. Las redes de protección social, en décadas. Esa brecha es el verdadero problema, no los robots.

Ridley Scott filmó Blade Runner en 1982, pasaron 44 años. Seguimos sin estar preparados.

Redacción APEXO

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