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Una ética urgente para el diseño de la experiencia

Escrito por Elsa Basile

Un jurado en Los Ángeles determinó que Meta y YouTube diseñaron productos con lógica adictiva y no advirtieron sobre sus riesgos. Por primera vez se reconoció que la experiencia no es neutra.

Durante el juicio, la discusión giró en torno a las decisiones de diseño. Funcionalidades como el scroll interminable, la reproducción automática ambos mecanismos de retención. Como es sabido buscan aumentar la permanencia y captar la atención. Lo novedoso es que, por primera vez, un tribunal las vincula de forma directa con daño.

¿Hasta qué punto es legítimo optimizar la experiencia del usuario? Si las métricas como:  tiempo de permanencia, la frecuencia de uso o el nivel de interacción funcionan como indicadores de éxito, en tanto son perjudiciales para el usuario.

 Así, la plataforma deja de ser una herramienta y pasa a ser un entorno que condiciona. Esa percepción, difícil de medir en el corto plazo, tiene efectos concretos en la lealtad, la recomendación y en la sostenibilidad del modelo.

El debate no es únicamente legal. Más bien es ético y conceptual ¿A qué llamamos una buena experiencia? ¿Dónde están los límites y quién los define?

Porque si el diseño tiene la capacidad de influir de forma directa en el comportamiento, entonces la autorregulación no es suficiente. Parece que los incentivos del negocio y el bienestar del usuario no siempre están alineados.

El primer límite debería estar en el diseño. No todo lo que aumenta la permanencia debe implementarse. La transparencia hace la experiencia más honesta, aunque es difícil que las empresas se autoimpongan ese freno.

El segundo límite es regulatorio. La ley fija estándares que el mercado no corrige solo. Llega tarde, pero como en este caso establece condiciones mínimas de seguridad.

El tercero es el usuario, con un margen acotado. Porque existe una asimetría clara frente a sistemas diseñados para captar su atención. Por eso, no alcanza con hacerlos responsables.

En ese equilibrio inestable, el riesgo es claro. Sin límites, estas herramientas escalan sin considerar su impacto. Lo que hoy se presenta como experiencia puede volverse un sistema de captura difícil de cuestionar y de abandonar. Lo que urge es una ética en el diseño y la consiguiente transparencia.

Redacción APEXO

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