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La IA como catalizador de una nueva relación laboral

Para las generaciones Z y millennials la inteligencia artificial es una realidad en su vida laboral. La usan de manera orgánica, cotidiana. Esto ha cambiado su perspectiva sobre el trabajo, sus expectativas y qué consideran para desarrollar su potencial.
Algunas investigaciones recientes lo demuestran. Un estudio de Resume Genius (2025) muestra que más del 60 % de los trabajadores Z afirma que la IA les permite realizar sus tareas más rápido y menos esfuerzo. Al mismo tiempo, el informe “Superagency in the workplace” de McKinsey (2025) revela una brecha llamativa: los empleados usan más IA de lo que sus líderes perciben o reconocen. En suma, la fuerza laboral joven ya trabaja en modo digital, aunque muchas organizaciones todavía operan con ritmos analógicos.
Aquí se produce un salto que redefine el valor del trabajo humano. Porque para estas generaciones, la tarea que puede realizar un algoritmo deja de ser un espacio donde desarrollar habilidades o construir identidad laboral.
Otra consecuencia directa es un cambio profundo en las expectativas de eficiencia. Según Human Resources Online (2025), una proporción creciente de jóvenes utiliza IA para redactar informes, generar ideas, gestionar correos. Esa eficiencia, para ellos, no es un premio: es el piso. Por eso, cuando entran a organizaciones con procesos manuales, flujos lentos, redundancias o herramientas desactualizadas, sienten un choque casi ideológico. El trabajo lento no es solo incómodo: va contra su noción de profesionalismo.
Pero el elemento que más fricción genera no es la tecnología en sí, sino la brecha entre la promesa y la práctica. Muchas empresas hablan de transformación digital, innovación o IA, cuando todavía no empezaron. McKinsey muestra que este desfasaje es común: las compañías invierten en IA, pero no reorganizan su estructura de trabajo alrededor de esa tecnología.
Para los jóvenes, esto se traduce en un mensaje confuso: se espera que innoven, pero con herramientas antigua, se los convoca para el futuro, pero se los evalúa con métricas del pasado.
En este escenario, la IA no es lo que aleja a los jóvenes del trabajo. Lo que los aleja es el trabajo que se niega a evolucionar al ritmo de la tecnología que ya está disponible.
Buscan entornos donde la tecnología sea un habilitador genuino de su capacidad de aportar, aprender y crecer. No imaginan un duelo entre humanos y máquinas, sino un ecosistema donde la IA libera tiempo y energía para dar lugar a las habilidades humanas. En tal sentido, puede considerarse la IA como catalizadora de una nueva forma de trabajo.
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